SeaWorld: Un mar de adrenalina.

Aterricé en Orlando listo para sumergirme en un océano de acero. SeaWorld no es un parque cualquiera; es un mar gigante de montañas rusas con criaturas al acecho esperando a sus próximas víctimas.

Kraken es una montaña rusa clásica e intensa, con loops que retan tu equilibrio y tu adrenalina.

Fue la primera en atacarme.

Cada loop era un brazo que me agarraba y me enrollaba como trapo mojado. Me envolvió en su velocidad, apretándome con cada tentáculo como si quisiera asegurarse de que no escapara.

Después vino Manta, una montaña rusa de estilo volador donde vas boca abajo, deslizándote como mantarraya, sintiendo la fluidez y los giros mientras el aire te envuelve.

Flotaba entre risas nerviosas y miedo mezclado; cada curva era un abrazo que no quería soltarme, un juego donde la mantarraya era dueña del movimiento y yo solo parte de su danza aérea.

Mako es la montaña rusa más alta y rápida del parque, diseñada para lanzarte con velocidad de tiburón, con subidas enormes y caídas vertiginosas que hacen que el aire te muerda la cara.

Acechado por un escualo de acero feroz que no perdona ni un segundo.

Una subida lenta… y de repente la caída brutal te lanza al vacío recordándote que estás en manos de un depredador metálico más bravo que el Tiburón de Steven Spielberg.

Después de haber sido enrollado por Kraken, arrastrado por Manta y acechado por Mako, finalmente me enfrentaba a la ola más brava de todas — y eso que he corrido muchas olas en distintas partes del mundo.

Pipeline es una surf coaster que simula correr sobre una ola gigante, con un asiento que se mueve imitando los drops y rollers del mar, desafiando tu equilibrio y reflejos.

Me recibió como un monstruo de acero: subía, bajaba, giraba y retorcía con fuerza, y yo disfrutaba con respeto, como si estuviera nuevamente en mi hábitat natural, sintiendo la corriente, la fuerza y la imprevisibilidad de cada ola. Cada movimiento era un abrazo del mar imposible de ignorar, y yo solo podía dejarme llevar, disfrutando del desafío.

Cada montaña rusa había sido un depredador, cada giro un abrazo imposible de domar.

Y entendí que SeaWorld no era solo un parque de diversiones, sino un océano metálico donde manda la ley del más audaz.

Hoy ya estoy de regreso en Perú con el recuerdo vivo de otra criatura más agregada a mi bestiario personal de aventuras por el mundo.

Y entendí algo incómodo pero delicioso: el ser humano es profundamente masoquista.

Hace colas eternas, paga su entrada y se amarra voluntariamente a una máquina diseñada para asustarlo.

Gritamos, sufrimos, juramos que es la última vez…

y apenas termina el recorrido, ya estamos pensando en volver a subir.

Porque en el fondo no huimos del miedo — lo buscamos.

Lo abrazamos.

Y lo convertimos en historias que después contamos…


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Comentarios

6 respuestas a «SeaWorld: Un mar de adrenalina.»

  1. Avatar de Francisco
    Francisco

    Debe ser alucinante tambien se debe sentir mucha adrenalina y un poco de temor, pero creo que esa combinacion es perfecta, buena flaco y gracias por compartir tus experiencias, buena vibra!!

  2. Avatar de Susana Artigas

    Tú lo buscas …. Yo me alejo de esas cosas lo q más se pueda

  3. Avatar de Maria Amelia Mac-Lean Herrera
    Maria Amelia Mac-Lean Herrera

    Es cierto uno lo busca , una experiencia adrenalínica, me encanta !

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