¿Por qué un dragón?

Durante años me preguntaron por qué me tatué un dragón.

La respuesta fácil era decir porque me gustan.

Pero esa nunca fue la verdadera respuesta.

El dragón me eligió mucho antes de que la tinta llegara a mi pierna.

Siempre me llamó la atención un detalle del horóscopo chino: todos sus animales pertenecen al mundo real.

El caballo existe.

La serpiente existe.

El mono existe.

El perro existe.

Y, sin embargo, solo uno desafía la realidad.

El dragón.

Quizá por eso siempre me sentí identificado con él. No porque fuera el más poderoso, sino porque fue el único que nació de la imaginación.

Y había una razón más. También nací en el año del Dragón.

No sé cuánto influyó en mi decisión de tatuármelo. Lo que sí sé es que hizo que esa elección tuviera todavía más sentido.

Tal vez por eso toda mi vida he vivido de imaginar cosas que todavía no existen.

Una campaña.

Una marca.

Una historia.

Una idea.

Un futuro.

Al fin y al cabo, los publicistas hacemos exactamente eso: convencemos al mundo de creer, aunque sea por un instante, en algo que antes no existía.

Y los profesores hacemos algo parecido. Tomamos una idea invisible y la sembramos en otra cabeza hasta que empieza a crecer.

Y los escritores…

Los escritores construimos mundos donde lo imposible deja de parecer imposible.

Fue entonces cuando entendí que nunca me tatué un dragón para sentirme más fuerte.

No llevo un dragón tatuado.

Llevo tatuada una forma de entender la creatividad.

Porque la creatividad no consiste en copiar la realidad.

Consiste en crear aquello que todavía no existe.

Después de todo, los caballos pueden correr.

Las águilas pueden volar.

Los tiburones pueden dominar el mar.

Pero solo un dragón puede hacerlo todo.

No porque exista…

Sino porque alguien se atrevió a imaginarlo.

Y tal vez ese sea el verdadero trabajo de un creativo.

No describir el mundo.

Sino agregarle algo que antes no tenía.

Porque las grandes ideas se parecen a los dragones.

Nunca existieron… hasta que alguien decidió creer en ellas.


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