Hoy millones de cremas celebramos un aniversario más de Universitario de Deportes.
Yo no solo celebro los 102 años del club más grande y más campeón del Perú. También celebro el día en que me hice hincha para siempre.
Fue mi viejo quien me llevó por primera vez al estadio.
Era un 6 de abril de 1975.
Universitario enfrentaba a Peñarol por la Copa Libertadores.
Yo era apenas un niño sentado en Occidente Baja, sin imaginar que esa tarde iba a marcar mi vida.
La U comenzó ganando con un gol de Fernando Cuéllar.
Después llegó el empate de Peñarol. Luego Fernando Morena puso el 2-1 para los uruguayos y parecía que todo estaba perdido.
Pero hay equipos que juegan al fútbol.
Y hay equipos que jamás se rinden.
Entonces apareció Juan José Oré para devolvernos la esperanza con el 2-2.
El estadio era una sola voz. Y cuando faltaban apenas cinco minutos para el final, llegó ese instante que cambiaría mi vida para siempre.
Rubén Techera marcó el 3-2.
Corrió hacia el alambrado para celebrar con la tribuna. Y, por esas casualidades que solo el fútbol puede regalar, terminó justo frente a mí.
Se aferró al alambrado y gritó el gol con toda el alma.
Durante unos segundos sentí que ese grito era para mí.
Así lo viví.
Así lo sentí.
Ese grito cruzó el alambrado, y desde ese día, vive dentro de mí.
Con esa remontada histórica, Universitario clasificó a las semifinales de la Copa Libertadores. Aquella tarde confirmó lo que la garra crema ha significado siempre: levantarse cuando todo parece perdido, seguir creyendo cuando otros dejan de creer y luchar hasta el último segundo.
Así se construyó la historia del club. Del único club peruano que ha disputado una final de la Copa Libertadores. Una historia que nunca se escribió desde la comodidad, sino desde la convicción, el carácter y la garra.
Con el paso del tiempo entendí que ese día mi padre no solo me llevó al estadio.
Me regaló una pasión.
Me enseñó que la grandeza no se mide únicamente por los campeonatos, sino por la forma en que se luchan. Me enseñó que hay victorias que duran noventa minutos y emociones que duran toda la vida.
Hace 51 años que terminó ese partido y sigo creyendo que la garra no se presume, se demuestra.
Por eso Universitario no tiene comparación.
No solo por su historia.
No solo por sus campeonatos.
Sino porque hay algo que ningún trofeo puede explicar: una identidad que pasa de padres a hijos, una pasión que no se negocia y una manera de enfrentar la vida sin claudicar jamás.
Hoy Universitario celebra 102 años de historia.
Y yo todavía escucho aquel grito.
Un grito que lleva más de medio siglo viviendo dentro de mí.
Un grito que me recuerda, cada vez que la U entra a la cancha, por qué soy crema.
Y mientras ese grito siga viviendo en mí, seguiré sintiendo lo mismo que sentí aquella tarde de abril de 1975.
El gol terminó a los 85 minutos.
Pero el grito de Techera…
Todavía no termina.
Porque mientras siga escuchándolo, seguiré entendiendo que la garra no se presume.
Se demuestra.
¡Feliz 102.º aniversario, Universitario de Deportes!
¡Y dale U toda la vida!

Deja una respuesta