Dios mío ¡el tráfico!

¿Y si el tráfico de Lima fuera una religión?

Porque se siente como un castigo divino.

O peor: como un karma colectivo.

En Lima ya no se circula, se peregrina.

Y no importa si vas en carro, en taxi o en micro. La procesión va por dentro, y más por fuera.

Todos avanzamos al ritmo de los cargadores del señor de los milagros.

Solo que en vez de incienso, hay humo negro de combi, y en vez de alabanzas, hay un rosario de lisuras.

Y cuando todo parece perdido…

aparece Waze, ese ángel caído con GPS.

Te promete una ruta más corta,

te susurra al oído: “Gira a la derecha… confía…”

Y uno, crédulo, como Adán con la manzana, obedece.

Pero en lugar del paraíso, te mete en un infierno  sin salida, con un camión atorado, un desfile escolar, tres mototaxis en sentido contrario y un ropavejero llevando una refri.

Un verdadero laberinto del fauno, versión Chorrillos.

¿Entonces? ¿Qué está pasando?

¿Hay muchos carros?

Sí.

¿Hay pocas pistas?

También.

¿Hay semáforos?

Sí, pero nada inteligentes.

Y uno, como buen limeño, aguanta.

Aguanta chequeando Instagram, con café, con resignación y con la esperanza de que en algún momento el tráfico se despeje.

Aunque sabemos que eso solo pasa en semana santa, cuando la ciudad se queda vacía…

y mágicamente descubrimos que Lima no tiene tráfico: tiene limeños con fe.

Fe en que tocando el claxon se abrirá el mar.

Fe en que metiendo el carro por la derecha, Dios te protegerá. 

Porque en Lima el tráfico no se respeta, se maldice.

Y  solo un milagro podría arreglarlo.

Porque la fe sobra, lo que faltan son pistas y dejar de echarnos la culpa entre todos y aceptar que el tráfico no se genera solo: lo generamos nosotros.

Pecamos cada vez que bloqueamos una intersección,

cada vez que usamos el carril de emergencia,

cada vez que aceleramos con fe, pero sin razón.

Porque no es que falte espacio o pistas.

Falta sentido común y respeto.

Y eso no cae del cielo.

Eso hay que encontrarlo en nosotros y  practicarlo realmente como si fuera un acto de fe o mejor aún, un mandamiento.

Porque el castigo eterno -en el verano que viene-no será arder en las llamas del infierno, será estar atrapado en hora punta sin aire acondicionado.

Amén.


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Comentarios

3 respuestas a «Dios mío ¡el tráfico!»

  1. Avatar de Francisco
    Francisco

    Yo manejo minino tres días punta hermosa lima punta hermosa, aprendí a meterme en mi mundo es como una hora y media de meditación y ver solo el carril de adelante por que en esta ciudad no quien al trafico aguante.

  2. Avatar de Gusvasa
    Gusvasa

    Y para seguir con el ritual…cuál sería la penitencia?

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