El orgasmo auditivo del tenis moderno.

Silencio absoluto en la tribuna, zapatillas inmaculadas, raquetas afinadas como violín. Pero basta que un tenista inicie un saque, meta un back o simplemente conecte la bola para que llegue el inevitable gemido que suena más a happy end que a golpe.

Me parece que la primera en hacerlo fue María Sharapova, y que los expertos bautizaron como “Grunting” que se traduce como jadeo o grito de esfuerzo.

Hoy, lo hacen todos. Y ya no es un simple recurso físico, es un repertorio o marca personal.

Un saque puede sonar a lamento, una volea a gruñido, y un revés… bueno, un revés ya es casi la escena final de un amor consumado.

Lo raro es que en otros deportes, donde realmente se sufre, nadie lo expresa tanto. Un pesista levanta 250 kilos en silencio. Un boxeador recibe un derechazo en la mandíbula y apenas suspira. Pero en el tenis, una bola de 56 gramos exige un recital de jadeos del que el público se hace cómplice con una mezcla de morbo y fascinación.

Y al final, es parte del espectáculo. Uno ya no solo va a ver el partido, también va a un concierto de gemidos patrocinado por Nike… con más orgasmos sonoros que una luna de miel sin check-out.


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